miércoles, 26 de agosto de 2009

Un Futuro Tembloroso

Una firma, una sonrisa. Ese garabato significaba que Alejandro estaría hipotecado durante los próximos 30 años de su vida a cambio de vivir en una casa lindísima, que incluso tenía un pequeño jardín donde cultivaría las ilusiones que le dejara sembrar el 40% de su sueldo, las sobras de la comilona euríbica de la que el banco disfrutaría cada mes a su costa.
Cuatro años después aquella rúbrica se convirtió en una cadena pesadísma, que muchas veces quiso anudarse al cuello. Alejandro dejó de cultivar el jardín, ya no existía 40% porque no había un sueldo del que extraer los sueños. El fracaso laboral al que se había visto abocado por una situación económica trágica desencadenaría en un embargo que se respiraba inminente.

Mientras, desde los exagerados ventanales de sus despachos, los políticos miran los tejados de las grandes ciudades y observan un horizonte iluminado por un gran sol que resplandece en los pisos más altos de los bloques de cristal, pero siguen sin atender a lo fundamental, a que las tejas se derrumban sobre los españolistos sin curro, al edificio del INEM, que está rodeado por una fila de frustraciones infinitas, a los esqueletos de hormigón, a los cabizbajos viandantes que calibran un futuro incierto.

Vidas hipotecadas, contratos rotos, futuros temblorosos e ideas inservibles. Así no, ni unos ni otros, así no.

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2 comentarios:

  1. Echaba de menos tus entradas. Como sabía que tenías cosas más importantes que tratar, he estado esperando... con impaciencia contenida.
    ¡Me encanta como escribes! ¡Me encantan tus imágenes!¡Me encanta esa mezcla de finura analítica y expresión poética!
    ¡Eres buena, preciosa!¡En serio: eres buena!

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  2. Ana es la que pone en palabras la cruda realidad de nuestros dás, ilusiones perdidas, escavitud económica a la que nos lleva este río en el que la mansa orilla parece tan lejana.
    Gracias, Ana

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