A través de los cristales de un autobús cargado de silencio y de miradas perdidas, te observo. Apareces, de forma inesperada, entre los árboles que descargan la lluvia que han recolectado sus hojas. Algo en mi estómago se mueve, me certifica que eres tú. Mirada más experimentada, un poco envejecido el rostro, caminas hacia un destino que desconozco con ese paso que es tan solo tuyo y que ya casi no recordaba.
No dejo de mirarte, han sido muchos años, y necesito comprobar que realmente eres tú. Te detienes ante un portal, el autobús dobla la esquina y te pierdo de vista. Continúo mirando por la ventana, ahora sólo recuerdo. Me replanteo el pasado e invento un futuro alternativo; un sendero distinto que hubiera desembocado en un 'ahora' que desconocemos y que siempre es imprevisible.
Fue así, todo ha acontecido de esta manera y será según el suelo que pisemos y las metas que buscamos. Un destino al que contribuímos, o eso quiero imaginar, eligiendo cuánto tiempo nos apetece pasar en cada parada del tren.
© Creative Commons
No dejo de mirarte, han sido muchos años, y necesito comprobar que realmente eres tú. Te detienes ante un portal, el autobús dobla la esquina y te pierdo de vista. Continúo mirando por la ventana, ahora sólo recuerdo. Me replanteo el pasado e invento un futuro alternativo; un sendero distinto que hubiera desembocado en un 'ahora' que desconocemos y que siempre es imprevisible.
Fue así, todo ha acontecido de esta manera y será según el suelo que pisemos y las metas que buscamos. Un destino al que contribuímos, o eso quiero imaginar, eligiendo cuánto tiempo nos apetece pasar en cada parada del tren.
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